Edición 28/2015 ARTÍCULO DIVULGATIVO

Aún somos monos, pero con cerebro humano ¿y los monos?

Desde que Linneo en su clasificación zoológica colocó a los humanos Homos sapiens, en el orden de los monos o primates y Darwin pronosticó que, como una especie animal más (eso sí muy especial), los humanos descienden por evolución de alguna especie de mono de origen africano, emparentado con los gorilas y los chimpancés. Los estudios de la relación evolutiva humana con los monos, se han incrementado enormemente, primero en relación a la gran semejanza anatomo-fisiológica, después en términos de habilidades mentales o conductas y por último, la relación más contundente, las semejanzas genéticas. Esto último reveló que compartimos alrededor del 98% de nuestros genes estructurales (los que codifican para proteínas) con el chimpancé, trátese de la especie común o del bonobo.

Todos los hallazgos anteriores, sobre todo los referidos a conducta y genética, hizo que la amplia brecha que supuestamente separaba a los humanos, ahora es cada vez más estrecha, pues sobre todo, durante el curso de nuestra evolución, de una forma semejante a Ardipiteco, pasando por Australopitecos y los primeros Homo hasta llegar a Homo sapiens, realmente lo que hemos hecho es “reeditar” nuevos genes que ya poseían nuestros antepasados primates y que aún existen en el chimpancé. Entre los ejemplos más palpables de esto en la actualidad, uno de ellos se refiere a la capacidad del lenguaje articulado y simbólico y otro al enorme desarrollo de nuestro cerebro, exclusivo de nuestra especie, pero cuya base genética aún existe en el chimpancé, como lo demuestra el siguiente cuadro, junto a otros ejemplos.

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